Astrea

I
Los ojos vendados de una mujer

sus pies

se hinchan, se amoratan de la trenza

sus pies

que los ata la trenza de bastiones repartidos

sus pies

objeto de invisibles pláticas tácticas

sus pies

de oro se elevan entre una lluvia de hierro

el vientre, pequeño mapa violeta,
se arropa en banderas hechas polvo.

II

Giran en silencio
estiran
carcajadas de cuero

los sillones
los señores

eunucos de mano en mano besuquean
trajeados ocultan y sonríen secretos
deméritos del escándalo familiar histórico
entierran fetiches ardientes en la arena.

Los micrófonos domestican el latido de la pérdida.

III
Ella es mujer celeste en la oscura señal de sus vendas
mujer imaginando otro espejo que la imagina entera

la sangre del vaso de los amores, botín del alto
juego de las aves cuyo pico es del metal que hiende;

esa mujer se quema como un pez
labios de silencio incandescente
mujer que humea el aceite de la piel

IV
Esta mujer golpea con sus pies
y la tierra cimbra hasta la madera de los árboles
en la arena de la máscara y en la máscara del cómplice.

Tras la venda constelada
dos piedras de sol
que ningún silencio apaga,
carbón encendido sus ojos.

Luis Bravo

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