EL SEÑOR Y SU ESCLAVA

Pueden dejar los niños
de día con la esclava.

Con ella
no hay peligros ni desgracias.

Vela sus pasos, sella el brocal del pozo
con una inmensa piedra como tapa;

no deja que se quemen
con fuego ni veneno de alimaña.

Los viste y alimenta;
restriega los pañales; limpia orienes y cacas;

inventa nuevos juegos;
abre en flor de canciones sus palabras.

Y, cuando ya dormidos,
los acoge en la falda,
cuando nadie la ve, muy temerosa,
estampa su cariño con besos en las caras…

(La esclava tiene al fondo
del patio una tapera; esa es su paga).

II

Altivo, riguroso,
el señor ha fijado normas claras.

Los esclavos trabajan sin descanso,
sin tiempo para hablar ni tomar agua.

Mueven peñas, rebuscan en las minas
vestigios de oro y plata.

Cavan, golpean, descuartizan,
llevan pesadas cargas,
hasta agotar las fuerzas
y besar con el rostro la tierra ensangrentada…

(¡El señor es muy macho! Algunas veces
se va al fondo del patio:
esa es la sobrepaga).

Manuel de la Puebla

Close this window