ELLA DEJÓ EL CORRAL DE GALLINAS EL RIO AZUL

...y el arado de Julián con ecos del maíz
Su aldea en blanco y ocre dejó sonriéndole a los cerros
Dejó las nubes con lluvia sobre un rebaño de algodón

Todo eso abandonó y echó a andar su piel por esta gran ciudad
donde no brilla el sol ni le nacen estrellas en los ojos a su gente
Gente de la gran ciudad que no sabrá jamás cuantos suspiros
se te han roto en el camino ni cuantos mas te quedan por llorar cuando te acechen
alimañas y sus fauces te venzan y la burla
de buitres merodeando cartón y cielos de hojalata sean ciertas

Fieras feroces mujer olisqueando inocencia
con urgencias de infierno profanando tu piel / y de pronto ya eres víctima de una sentencia
urbana Después será aquello de ¿mujeres violadas en nuestra gran ciudad?
Constituyen una historia marginal sucede a diario y bla bla bla
Encrespadas nubes de fría indiferencia tratando de explicar en noticieros acerca del
fenómeno social en nuestra bufonesca gran ciudad capital y en todas partes pasa y bueno
que las indias y...una mas que importa

pareciera que la vida sigue igual pero no para ti que debes vencer huellas de
sanguinarias lanzas en tu piel y en tu memoria
seguir andando y dar la lucha diaria entre el cartón y la hojalata
en tu arenal porque ... hablando claro mujer de aldea tú con un rostro común sin el arado
de Julián ni el cerco de guayabas
sin el buey ni las trenzas milenarias ¿quién puedes ser para el spirit de nuestra gran ciudad?
Para invisibles pancartas en el atrium una infeliz migrante
Sólo una cifra fría del Instituto Nacional de estadística una denuncia inútil con sangre
coagulada Y la ciudad villana te hace odiarla más Cuando ronca su noche y silencio
cómplice guarda ante la afrenta Afrenta que asfixia y cubre de cenizas tus entrañas

No desfallezcas pues no te nos mueras más desprecia tu sentencia y cambia de piel
mañana al alba
Escrito está que entre las piedras dejarás de ser crisálida que matarás tu propia lástima
evocando el río azul cantos de campo y gallos en claras madrugadas y será otra vez como
al principio
Flameando la inocencia con sendero de surco y aroma a levadura
La inocencia mujer
Como aquella del rebaño que pastaba sereno al pie de tu montaña
En tu aldea con alma.

marita troiano

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