ESPERANZA

No vi tus ojos, por el sonido adiviné
que tus pasos se modulaban a su compás
y él iba fatalmente a tu encuentro
así que agazapaste los pliegues de tu rostro
para asumir una ciega confianza en el porvenir.

Es fácil decir: sólo tienes que dar un paso,
cuando las yemas de sus dedos palpan tu piel
y tratas de rehusar su jadeante apremio.

Entonces, dejas que todo se llene
en torno tuyo de un miedo innumerable.
Piensas, si su madre no se hubiese
tomada la molestia de hacerle conocer la luz:
El buitre, tal vez…

El pensamiento mismo ya es un regalo
el tiempo oscuro puede pasar y liberarte.

Quizás puedas mirar sin desconfianza
la ajada foto en la que sostienes las gardenias
y aquel vals que tropezó en tu tobillo
cubriéndote de aros, se soltaría.

Es tiempo de partir y aferrarte a un lugar
donde no se escuchen amargas sirenas,
un trozo de hierba que provoque tu armonía
y te permita alterar el odio de la albahaca
y las zarzas en música de cañaveral.

María Rosa Jaén

Madrid, España

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