HAY QUE AGUANTAR, SEÑORA

HAY QUE AGUANTAR, SEÑORA,
atravesar el aro en llama viva
si lo cree conveniente el domador,
saltar sin red
y hacer perfecto el recorrido
desde algún campanario
o el balcón de su sexo,
y ser tan dócil como él quiera
a su mano de plomo
o el beso en el escote,
y tapiar con sonrisa y maquillaje
la humillación diaria,
hacer con ella al cielo
ofrenda agradecida, y esperar
que decida clavarla en cualquier cruz,
o prenderle una hoguera bajo el pubis
por el mero placer
de oler la chamusquina.

Así lo ha dicho el clero.

Ellos, tan palabra de Dios,
tan hechos a cilicio y latigazo,
tan adictos al gore
y al sado celestial, han decidido
que el contrato de amor
la amarra, de por vida,
al dolor y la sangre.

- ¡Ah, se siente,...pues no hubiese firmado!

Juan Calderón Matador
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