Llora el día

Llueve.
Llora el día,
y la gotera otro tormento.
Sobre la colcha caen chorros de agua.
Se empapan sus heridas :
las que lleva sangrando allí en su carne
y las que nunca curan,
porque arrasan las flores que habitan en el alma
y cubiertas por líquido salino
son las que escuecen
más allá de la palabra eternidad.
Su padre la decía que el chaval era cruel,
ella siempre dudaba.
La ha maltratado sin piedad,
le ha clavado el acero aquí en la frente,
muy cerca de los ojos,
y una grieta morada, vertical en los labios,
reconoce también el filo del cuchillo.
Si ella no tuviese costumbre
de palpar el hedor que se mastica
en situación de analfabeta
se alzaría segura para defenderse
con dignidad.

Está todo perdido,

él también, sin solución, perdido.
Y huele a alcohol, su aliento huele a alcohol.

Tiene dieciocho años y es su hijo.

Encarnación Huerta Palacios
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