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La muerte se apodera de la noche,
el alma está hundida en la sequía.
Altas las estrellas para un susurro
que el viento lleva como a una leve rama.
Anudándose los ojos
comienzan a cantar su tristeza,
nombres y nombres,
desfilan en un puñado de tierra
que cubre lentas zonas solitarias.
¿Quién puede destrozar los sueños
y dormir?
¿Quién no tiene cara
y borra rostros definidos?.
Es el extremo que no entiendo de mi tiempo
todo ese desierto sordo
y ese humo que lo ciega.
Cierran labios y labios
para que su himno
no llene el mundo.
De mancha de sangre
vasto es el cielo
para oir esas voces
y su lucha a lo lejos
que borra silencios.
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