Safiya Hussaini

Ella, la del nombre de cítara y azúcar, ha engendrado
sin sagrada ceremonia otra hembra para el dolor
de un varón a quien nadie acusa ni castiga.
Por sexo adúltero Safiya ha burlado la suprema ley.

Leo su rostro en la fotografía. Grabadas a buril,
opresiones, cadenas, mandatos de antiguos códices.
Me pregunto: ¿Habrá sido una niña de vulva mutilada
una flor deshojada por el soplo urgente del deseo
acaso cuerpo violentado por apremios de pan ?
Nadie responde. Impiadosa la culpa si se es pobre y mujer.

El índice del Juez, las razones del santo, la voz que sentencia, ordenan:

“ Lapidación. Muerte a la pecadora.”

Ese ha de ser el precio de la vida nueve lunas mecida en fértil cuna.

Ya el mundo oye el eco de la pala, golpe a golpe construye pozo caníbal.
Ya las fauces de la tierra muerden la axila y dejan expuesta la cabeza.
¿Cómo podría un pecho, tibio de nutricio elixir, detener las piedras?
¿Cómo podría no abonar con lágrimas la angustia de la espera?

Mirad, una y cien manos que se dicen justas arrojan dardos
sin objetarse impuras, sin importarles orfandad ni agonía
sin meditar si alguna vez las desveló la culpa

¿ Acaso el calendario se detuvo en bárbaros credos
o es que mis ojos se equivocan, ciegos tras brumas de vergüenza ?.
La noticia que hiere es certera flecha que se clava en mi frente
como se clava en la sien de mi hermana el filo del cinismo y nos desangra.

El almanaque indica el fin del año uno de un nuevo siglo
y es víspera de fiesta y las campanas doblan.
Oigo el badajo sonar, mas no me engaño, no canta el bronce
como un eco el metal repite un nombre de mujer y llora.
Hoy la víspera es zozobra, No celebra la Vida. La Muerte es quien celebra.

Yolí Fidanza

24 de diciembre de 2001

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